lunes, 4 de septiembre de 2017

Somos ignorantes y egoístas

Si tuviera que definir a los chilenos con sólo dos adjetivos diría que somos ignorantes y egoístas.

En general, somos ignorantes como sinónimo de falta de conocimiento. Al chileno no le interesa leer; no le interesa escuchar música bella; no le interesa saber más de política para votar informado; no le interesa hablar o escribir bien; no le interesa dar opiniones argumentadas; no le interesa ir a los museos; no le interesa invertir en alimento espiritual (y con esto no me refiero a la iglesia, sino que a lo que llena el alma: la belleza, el arte).

Lo que le interesa es el crecimiento económico, es tener un buen trabajo, es ganar más, es comprarse la mejor tele; es tener Netflix, CDF, internet, el mejor celular, ropa de marca. Lo que le interesa es la satisfacción instantánea mediante estímulos tan básicos como tener más amigos en Facebook o más likes en las publicaciones de Instagram. O sea, lo efímero, lo que no estimula el intelecto ni el corazón.

Diariamente, veo que en el transporte público las personas van mirando su celular. Todas. Sin excepción. Cuando me acerco para observar qué hacen, básicamente descubro que: 1) están en Facebook y 2) Están jugando Candy Crush (o cualquiera de sus símiles). Espacio en el Metro hay. La tecnología está. ¿Por qué nadie usa esas características para otros fines? ¿Por qué nadie se interesa por un estímulo verdadero?

Sin ir más lejos... ¿por qué nadie lee un libro, por ejemplo? Porque un buen libro, con una buena historia, es una de las mejores maneras de aprender, de elevar el espíritu a un nivel superior de imaginación y conocimiento. Y no digan que son muy caros, que el IVA, etc. Es cierto: son caros, pero hay muchas otras cosas aun más caras y la gente accede igual a ellas. Es decir, no es un tema de precio, sino de prioridad: a los chilenos no les interesa leer. Así de claro.

Otra manera pragmática de comprobar esta hipótesis es leer lo que los chilenos comentan en redes sociales. Es sorprendente. Es abominable. En su mayoría, son opiniones infundadas, ignorantes, llenas de juicios y prejuicios, llenas de incongruencias y, lo que es peor, insultos. Es vergonzoso que haya tanta gente que, libremente, se tome el tiempo para escribir eso. Es una pena que la ignorancia y la falta de criterio inunden y ensucien este espacio democrático digital.

Por pura ignorancia: por eso es que después tenemos que aguantar que muchos crean cuanta burrada aparece en las redes sociales, legitimando opiniones de sacerdotes místicos, videntes, pitonisas de pacotilla, contadores de cuentos, reveladores de conspiraciones -les hablo a ustedes, Salfate y Dr. File-, sismólogos de circo, detectores de catástrofes, vendedores de humo, falsos profetas, políglotas, saltimbanquis, malabaristas y cualquier bufón por el estilo.

¿País solidario?

Muy por el contrario de lo que nos han hecho creer con campañas como Teletón, Chile ayuda a Chile y todas ésas... yo creo que los chilenos no somos solidarios. Claro, si hay un trasfondo mediático y casi institucional, resulta lógico que haya ganas de colaborar con dinero. Pero ¿aportar plata es ser solidario? Yo creo que es ser subsidiario, nada más.

En lo cotidiano, vemos que cada quien vela por su propio metro cuadrado. En el Metro, en la micro, vemos que mientras haya goce y satisfacción personal, no importa si el otro está cómodo o no. Si yo voy bien, si yo me tengo que bajar en la próxima parada, no me importa si hay alguien que quiere subir. No me corro. Yo voy bien acá.

El egoísmo se ve en todos lados, en todas sus formas, incluso las más sutiles: el tipo que adelanta en su auto; el tipo que se salta la fila; el tipo que escucha música sin audífonos; el tipo que mira su celular en el cine; el tipo que maneja borracho; el que discrimina a los inmigrantes; el que se opone a los derechos de las diversidades; el que no quiere donar sus órganos; el que no compra un boleto en la rifa de Bomberos; el que bota la basura al suelo; el que fuma en lugares públicos; el que tose y no se tapa la boca; el que se para en el lado izquierdo de la escalera mecánica...

Nos falta mucha solidaridad y nobleza. Y eso es transversal, porque no sólo se aprecia en la calle, sino que también en las empresas (quiénes más egoístas), en la televisión, en el Congreso, en la política en general. Vemos cómo todas estas personas, antes que el mentado y prostituido bien común anteponen sus valores, su visión, sus intereses... algunos de manera más evidente que otros.

Somos un país de gente que tiene prioridades y valores muy trastocados. Gente que valora el tener en vez de ser. Gente que se preocupa sólo por el bienestar propio, pero que no tiene conciencia de un otro compartiendo los mismos espacios. Gente mal educada, amargada, poco amable. Gente que no es capaz de transmitir buena energía; que no es capaz de saludar, de ofrecer disculpa en la calle, de pedir por favor, de dar las gracias; gente que va al mall en vez de al parque... Viéndolo así, podría agregar un tercer adjetivo: gente insensible.

lunes, 28 de agosto de 2017

Sí, es posible: yo le gané a una isapre

En junio de 2015 la isapre Masvida me negó la cobertura de un procedimiento médico llamado Litotripsia Extracorpórea, por considerar que correspondía a las consecuencias de una preexistencia no declarada. Eso me obligó a pagar una suma superior a los 2 millones y medio de pesos.

Apelé la decisión a través de una carta dirigida a la contraloría médica de la isapre, argumentando que la no-declaración de la supuesta preexistencia correspondía a una omisión involuntaria, y no a un acto premeditado ni alevoso. Como era de esperar, me dijeron que la apelación había sido rechazada y ratificaba el doble castigo impuesto.

Me sentí molesto, pues me obligaban a pagar de mi dinero; también me sentí ofendido, porque seguían dudando de mi honorabilidad, al insinuar que traté de engañarlos al quedarme callado en la declaración de salud. Así que, por eso, decidí apelar ante la Superintendencia de Salud, mediante su formulario online.

Escribí una carta muy detallada, explicando el porqué de mi inocencia. Adjunté comprobantes, cartas, una copia de la declaración de salud, etc. Fui muy honesto en mi exposición, pero bien crítico en mi diagnóstico sobre el sistema y la forma en que los vendedores de planes actúan sin escrúpulos con tal de ganar un afiliado (como fue en mi caso).

Mis principales argumentos fueron:

  1. Al momento de completar la declaración de salud no fue asesorado adecuadamente: no respondió mis preguntas, porque me dejó solo mientras contestaba, e incluso me alentó a omitir información, por considerar que 'no eran relevantes'.
  2. Un problema semántico: la declaración de salud no era clara al preguntar directamente sobre afecciones al riñón (considerando que los episodios de cólicos renales a veces son aleatorios y no siempre obedecen a una condición permanente).
  3. Un error interno, puesto que en el mismo documento yo declaré que había tenido una licencia médica en los meses precedentes, producto de cólicos nefríticos.

Mi caso estuvo en litigio durante más de 2 años. En todo ese periodo me fueron llegando notificaciones, citaciones a comparendos, copias de las apelaciones de la isapre (que se defendió con fuerza, escudriñando en mi historial médico hasta lo más profundo), etc.

Hasta que hace unas semanas me llegó una notificación de la Superintendencia. En palabras sencillas, esa resolución del juicio arbitral de Rodrigo Zavala contra Isapre Masvida declaraba que yo había ganado y que la isapre debería responder favorablemente a mi demanda. ¡Después de dos años de litigio y de espera, por fin, David le ganaba a Golliat!

Conclusiones

Escribo este post motivado no sólo por la felicidad que me produce el haber ganado, sino que también por la esperanza de que, pese a la férrea lucha de la isapre, los clientes tenemos garantizados nuestros derechos. Por la esperanza de que el reclamo bien hecho, bien justificado, sí sirve para algo: sólo hay que atreverse y hacerlo, y no bajar los brazos ante las presiones y arbitrariedades de un sistema tan abusivo como el de la salud privada.

Escribo, también, para que otras personas se sientan motivadas por mi ejemplo. Para decirles "¡Sí, se puede! Háganlo". Pongan atención a este precedente: analicen mis argumentos, utilícenlos a su favor, y aplíquenlos a la justa causa que cada uno tiene por delante. Porque, independientemente del contexto, la sentencia de la Superintendencia es decidora:

  • El análisis de las declaraciones efectuadas ante este Tribunal, por el agente de ventas individualizado, permiten concluir, fundadamente, que el proceso de afiliación no se realizó por persona capacitada en los términos que exige la normativa que rige el sector.
  • Se desprende que el agente de ventas no actuó de manera diligente, al instar al demandante a consignar en la Declaración de Salud una fecha distinta a la real, visualizándose la poca capacitación del funcionario de la Isapre al momento de asesorar al futuro afiliado, lo que hace presumir a este Tribunal Arbitral que el reclamante no fue correctamente asesorado por personal capacitado durante su proceso de afiliación a la Isapre demandada.
  • En consecuencia, la actuación de la Isapre demandada afecta los derechos de la demandante y, muy particularmente, respecto de aquél que le permite contar con la información necesaria para su incorporación a la misma Isapre. 

Creo que el agente de ventas fue el chivo expiatorio del caso, teniendo que pagar con su mala práctica las malas prácticas de una institución mucho más poderosa que él. Qué mal por él si fue desvinculado... pero me alegro de que, de alguna forma, se reconozca que los vendedores son inescrupulosos, que asesoran mal y que sólo se interesan por concretar una venta en los plazos y condiciones que sólo a ellos les interesan.

Por fin me acaba de llegar la carta de la isapre notificándome, muy escuetamente, que "le será otorgada cobertura a prestaciones recibidas en clínica X el 10/04/2015". En ella me piden "presentar documentos originales para efectos de realizar la valorización correspondiente...". Documentos originales, claro. ¡No me la iba a hacer fácil!

Pero no importa, Masvida: voy a hacer las gestiones para conseguir esos documentos. No me voy a rendir ahora que siento que, por fin, podré cerrar este capítulo con la isapre.

martes, 9 de mayo de 2017

"Torturas" en Coanil: una realidad parcial y descontextualizada

Entiendo la indignación que hechos como lo sucedido en Coanil provoquen en las personas que abogamos por el respeto de los derechos humanos. Sin embargo, con mucha tristeza me he dado cuenta de que es bastante sencillo sentarse a ver las noticias y criticar el accionar de los funcionarios de este servicio -que, contrariamente a lo que muchos creen, no es público- cuando están haciendo un procedimiento de contención. De hecho, hasta parece ser cool cuando nos sumamos a la ola de críticas que inundan las redes sociales.

Pero ¿qué sabemos, realmente, sobre la realidad de esos centros?

¿No es por lo menos justo detenernos a imaginar cuál es la verdadera situación en la que se encuentran esos niños? ¿En algún momento alguno de los que rasgan vestiduras ha estado presente cuando uno de estos jóvenes tiene un ataque sicótico, esquizofrénico o de delirio? ¿Alguno sabe cómo se ponen y el profundo daño que se pueden autoinfligir? (O causar a los demás). ¿Alguien ha pensado que, en situaciones extremas, estos procedimientos -que, a la luz de una información parcial y descontextualizada, parecen verdaderas torturas- son una respuesta enérgica pero efectiva?

No he tenido la oportunidad de trabajar en un centro de Coanil, pero conozco muy de cerca a varias personas -cercanas, queridas y todas profesionales- que han quedado impactadas cuando han tenido que enfrentarse a situaciones tan extremas, cuando los adolescentes tienen que ser contenidos por indicación médica -sí, amarrados- antes de que, por ejemplo, comiencen a cortarse el cuerpo y la cara con vidrios, cuchillos, materiales de construcción o revestimientos tan aparentemente inocuos como maderas, pedazos de concreto o apliqués de lámparas.

Entonces, ojo con ser tan taxativos. Ojo con crucificar los procedimientos y a los implicados. Ojo con pontificar sobre respeto de los derechos humanos cuando, por otro lado, se criticaría el hecho de que ninguno de los profesionales que allí trabajan acudiera en ayuda de alguien que perfectamente podría suicidarse o asesinar. Porque, aunque parezca mentira, no estamos hablando de amenazas ni agresiones leves. No estamos hablando de simples pataletas de personas con discapacidad intelectual. Estamos hablando de severos trastornos, de descompensaciones impredecibles e irracionales, generalmente descontroladas y con una fuerza inusitada.

No es que aliente los procedimientos en sí mismos, ni mucho menos cualquier muestra de tortura -incluso la que no es tan evidente, la que no vemos pero sabemos que existe-. Mi punto es otro. Mi punto es: hay que entender que son situaciones aisladas, y no es justo hablar de que "se tortura". Tomemos un poco de distancia y veamos los hechos en su justo contexto. No lancemos una o mil piedras sin antes ser capaces de quitarnos el velo que no nos permite ver que en estas fundaciones las realidades son extremas y, muchas veces, fuera de un contexto "normal" (porque, claro, ¿qué persona "normal" en su casa amarraría a un joven "normal" frente a un "normal" arranque de ira?).

Por eso, creo que más que enfocarnos en la "tortura", el debate debería estar centrado en qué hace la sociedad -¡y las propias familias!- con personas, niños, jóvenes y adultos, con discapacidad intelectual o con enfermedades mentales. ¿Y qué es lo que hacen? Se desentienden de ellos. Los alejan poco a poco, hasta que llega un punto en que o son mendigos o entran a estos centros educacionales y de rehabilitación, donde, quiéranlo o no, tienen un pasar un poco más seguro, tranquilo y digno.

Seamos un poquito más justos y más críticos y endilguemos las responsabilidades a quienes corresponde: a las fundaciones, sí... pero también -y sobre todo- al Estado, como entidad garante de los derechos de los desposeídos y los abandonados, y a las propias familias que, irresponsablemente, ven en Coanil una salida fácil a su "problema".

martes, 4 de octubre de 2016

Ignorancia, moralina y egoísmo

El escándalo que ha generado el libro "100 preguntas sobre sexualidad adolescente" me genera una profunda decepción. En pleno siglo XXI, cuando abogamos a voz alzada por los derechos humanos y las libertades individuales, resulta vergonzoso que la iniciativa de la Municipalidad de Santiago se haya instalado como un "tema-país" que desvía el foco de lo realmente importante, convirtiéndose en un show moralista y anacrónico.

En lo personal, defiendo su publicación, porque considero que, en buena medida, viene a cubrir el eterno vacío que muchas familias con hijos/as adolescentes siguen acrecentando al no atreverse a hablar de afectividad, sexo ni sexualidad. Además, pienso que su distribución bien podía enmarcarse en el cumplimiento de la Ley Nº20.418, que fija normas sobre información, orientación y prestaciones en materia de regulación de la fertilidad, cuyo artículo primero versa así:

"Toda persona tiene derecho a recibir educación, información y orientación en materia de regulación de la fertilidad, en forma clara, comprensible, completa y, en su caso, confidencial. 
Dicha educación e información deberán entregarse por cualquier medio, de manera completa y sin sesgo, y abarcar todas las alternativas que cuenten con la debida autorización, y el grado y porcentaje de efectividad de cada una de ellas, para decidir sobre los métodos de regulación de la fertilidad y, especialmente, para prevenir el embarazo adolescente, las infecciones de transmisión sexual, y la violencia sexual y sus consecuencias, incluyendo las secundarias o no buscadas que dichos métodos puedan provocar en la persona que los utiliza y en sus hijos futuros o en actual gestación".
Así como se ha dado, el 'debate' parece más un capricho de los sectores conservadores que un afán por buscar el bienestar del público al que está dirigido el libro. Más lamentable aún es escuchar argumentos que aseguran que "hipersexualiza o genitaliza la sexualidad en la etapa adolescente", que "quiebra a la persona” e incluso que "pervierte su desarrollo".

Para mí, esto no es más que un reflejo de:

1. La ignorancia o la ceguera de quienes cuestionan los contenidos, argumentando que se incita a sus lectores a que "conozcan temas sexuales" antes de tiempo; lo que no quieren reconocer, o lo que derechamente no saben, es que son precisamente los jóvenes quienes necesitan las respuestas a estas 100 preguntas... y a muchas otras.

Durante muchos años tuve la fortuna de trabajar en la ya desaparecida revista Vida Afectiva y Sexual (VAS), que circulaba todos los domingos junto con el diario La Cuarta. Allí entendí que la preocupación-curiosidad-ignorancia juvenil no tiene límites a la hora de hablar de sexualidad. Confirmo que las preguntas que leí, y que tuve que responder gracias a la ayuda de profesionales del Centro de Medicina Reproductiva y Desarrollo Integral del Adolescente (Cemera), eran como éstas:

  • ¿Hay riesgo de embarazo si me trago el semen?
  • ¿Si me pongo una aspirina en la vagina puedo prevenir un embarazo?
  • ¿Si tengo sexo anal pero mi pareja eyacula afuera puedo quedar embarazada?
  • ¿Si hago sexo oral y luego me echo enjuague bucal puedo prevenir enfermedades?
  • ¿Es cierto que usar bluejeans causa impotencia?
  • ¿Un beso con un compañero te hace homosexual?
  • ¿Me van a querer las mujeres si mi pene mide 15 centímetros?
  • ¿Entregarse a una persona es una prueba de amor?
Y así muchas, muchísimas otras. Entonces... ¿Ésta es la perversión de la que tanto hablan?

Una de las miles de portadas
de la revista VAS, que circuló durante
más de 20 años junto al diario La Cuarta
2. El cartuchismo insoportable que sigue existiendo en Chile: cada vez que se mencionan las 'palabras prohibidas' -sexo, vagina, pene... ¡coito! ¡Sexo anal!- 'se encienden las alarmas' de sectores mal llamados moralistas que bien poco valoran la libertad que cada individuo tiene de pensar por sí mismo y tomar sus propias decisiones. Lo peor es que pontifican sobre temas personales, temas íntimos, metiéndose en la cama de otros para juzgarlos con el rigor de sus propias mezquindades, miedos... o represiones.

3. El egoísmo de aquéllos que, con su tenaz oposición a este tipo de información, perpetúan el círculo de la ignorancia, los embarazos adolescentes no deseados, el contagio de Infecciones de Transmisión Sexual o las crisis de identidad sexual. Haría falta que estos 'paladines de las buenas costumbres' dejaran de mirarse el ombligo, y se dieran cuenta de que quizás ellos tienen una excelente comunicación con sus hijos... pero que hay familias en las que eso no sucede; de que quizás ellos cuentan con profesores, sicólogos o médicos que los ayudan... pero que hay jóvenes que nunca han tenido acceso a este tipo de orientación y, por lo tanto, seguirán cometiendo los mismos errores.

Si queremos avanzar como país, es de esperar que esta 'polémica-de-adultos' no ensombrezca el tema de fondo: cómo hacer que nuestros jóvenes tengan un acceso equitativo a información que los haga quererse, cuidarse, ser tolerantes y sanos; que sea una voz seria y de calidad, ¡pero al mismo tiempo realista y práctica! 

Porque, mal que mal, esta generación y las próximas siempre estarán condenadas a tener que pasar por el monstruoso proceso que es crecer y abrir los ojos a un inevitable y cada vez más prematuro interés sexual en una sociedad cada vez más hipersexualizada.



jueves, 2 de junio de 2016

La Constitución (y la sociedad) que anhelo


Acabo de completar la consulta individual disponible en el sitio web de participación ciudadana en el proceso constituyente. Es una dinámica sencilla y rápida que, si bien no democratiza al 100% la opinión de los chilenos, ayuda a 'testear' la opinión de quienes tienen: 1) Acceso a internet. 2) Conciencia cívica. 3) Amor propio, por la familia y la sociedad.

El último paso ofrece la posibilidad de dejar una opinión más personal y extensa. Esto es lo que escribí. Si estás de acuerdo conmigo, o si difieres completamente, no pierdas la oportunidad de ingresar tú también y ser parte de esta proceso.

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Una nueva Constitución política debe nacer de las necesidades reales y prácticas de la ciudadanía.

Debe considerar el devenir de los tiempos, las características de sus hombres y mujeres, y el cómo se ha desarrollado la historia de un país.

Por lo mismo, no debe estar exenta de todos los fenómenos socio-culturales de la actualidad: multiculturalidad, diversidad, empoderamiento social, mayor acceso a la información, mayor conciencia de los derechos fundamentales, etc.

Me gustaría una herramienta política sensata, con un espíritu no sólo basado en la igualdad, la justicia y la democracia, sino que también en algo mucho más pedestre, pero muchas veces olvidado: el sentido común. Una Constitución que no hace eco del sentido común no puede ponerse en práctica cuando, a veces, la interpretación de los derechos y deberes está a cargo de personas con dudoso criterio.

Los chilenos deberíamos tener los mismos derechos, sin importar el género, la posición social, la casta, la orientación sexual, el origen territorial o el patrimonio. Nadie debería estar por sobre otros, especialmente en materia de justicia, salud y educación. El acceso a estas prestaciones, en igualdad de condiciones, debería ser garantizado para todos por igual.

Lo anterior implica que debería existir una nueva regulación sobre las instituciones privadas que han lucrado hasta la obscenidad con estos derechos, imponiendo sistemas abusivos, discriminadores y perpetuadores de un modelo donde sólo parecen ganar sus propios dueños. Hablo de isapres, AFP, bancos, universidades, clínicas. Hay que parar con la impunidad con que siguen repartiéndose el mercado, sin importarles la dignidad humana (aunque digan lo contrario).

Por último, una Constitución en un país laico, acorde con el siglo XXI, no puede ni debe imponer reglas de conducta moral. El libre albedrío es lo más preciado para un ser humano, capaz de tomar sus propias decisiones en función de sus propios conceptos éticos, morales e incluso religiosos. 

Es inaceptable pretender que el Estado imponga reglas de comportamiento que sólo atañen al ámbito personal/privado (sin afectar la libertad y los derechos de los demás seres vivos). Esto implica un cambio de paradigma, para dejar de creer que existen 'ideales' éticamente correctos y que, por lo tanto, todos los demás deben ser sancionados. Ya no están los tiempos para castigar a una mujer que desea abortar libremente o para dos hombres que quieren casarse entre ellos.

Avancemos hacia una nueva sociedad, más responsable de sí misma. Hagamos de la Constitución el marco general de acceso justo, digno y oportuno a los derechos y obligaciones de cada chileno... pero no la utilicemos para tratar de 'controlar' los comportamientos individuales, la conciencia moral propia y la responsabilidad que cada uno tiene respecto de su vida y su propia familia.

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viernes, 19 de febrero de 2016

Sentirse mujer en cuerpo de hombre... hace casi 100 años.

La chica danesa” (Tom Hooper, 2015) es una película de gran simpleza estética, con un relato lineal, sin efectos especiales y con una banda sonora discreta. A pesar de eso (o debido a eso), es paralizante y 'movedora' a la vez, cautivante de principio a fin… tanto o más que las megaproducciones que desbordan actores de moda y fuegos de artificio.
Eddie Redmayne, “la chica danesa”, no sólo actúa con su cuerpo, sino que también con su mirada, palabras y silencios. Sus miedos, alegrías y esperanzas traspasan la pantalla y penetran la fibra más íntima de los testigos del tormento emocional y sicológico de una mujer ‘atrapada’ en un envase masculino.
Me gustó la intensidad y la belleza de esta cinta que muestra una realidad aún incomprendida: las personas transgénero. Es interesante conocer una historia real ocurrida en la Europa a fin de la década del 20 -la historia de Lili Elber- y ver cómo ha evolucionado el contexto de hombres y mujeres que, aunque son distintos y muchas veces sufren, no se cansan de luchar por sus sueños.
Vaya a verla. No sea prejuicioso y aprenda sobre honestidad y cómo el amor verdadero puede traspasar las barreras morales, de la mente y del corazón.

martes, 16 de febrero de 2016

¿Tanto escándalo por 50 (miserables) UF?


El fallecimiento de un ser querido no solamente conlleva un dolor en el alma, sino que también tiene una arista práctica que muchos familiares o amigos eluden. No es mi caso: yo me he hecho responsable de gran parte de los trámites que, aunque dolorosos, son necesarios para cumplir con la ley y 'cerrar el círculo' tras la partida de mi tía María Lidia. Sólo así podré dar paso a un duelo tranquilo y definitivo.

Una de estas obligaciones, que demanda coraje y sangre fría, es reclamar sus seguros de vida. Yo no soy el heredero legal, pero asumí la responsabilidad de contactarme con las instituciones para declarar "el siniestro", como se llama técnicamente, y requerir información sobre cómo proceder. Es una tarea dolorosa, pero justa y necesaria.

Entre todas, aplaudo la gestión de la Mutual de Seguros de Chile: con ellos no hubo inconvenientes, pues fueron diligentes al entregarme todo tipo de información completa y actualizada con el fin de orientarme. Además, los procedimientos se ajustaron a los tiempos y, a la fecha, ya se hizo efectivo el pago a los herederos legales: mi padre y mi tío.

El problema se ha suscitado con dos empresas que, olímpicamente, se han desligado de responsabilidades, no han entregado información certera y que, en resumen, han puesto todos los obstáculos para hacer efectivo el seguro. Se trata de Ripley Seguros (la cara visible) y Seguros BNP Paribas Cardif (la aseguradora).

Llevo meses tratando de gestionar la denuncia del siniestro y me he encontrado con un problema tras otro: "que falta un documento", "que el formulario...", "que no está la copia del contrato...", "que han pasado muchos años...", etc. Ha sido tedioso e indignante sentirse mendigando un poco de atención para hacer efectivo un producto, un servicio, un derecho por el cual mi tía estuvo pagando durante más de 10 años.

Cada día, Seguros Ripley y BNP Paribas Cardif exigen más 'medios para comprobar' la contratación del seguro, sus características y sus beneficiarios. Así, en todo este tiempo se han encargado de dilatar un proceso que, se supone, debería ser expedito. En buen chileno, se están cagando por una suma irrisoria de dinero (50 UF) que no vale la vida de nadie.

Debido a las trabas constantes y a la nula preocupación de estas empresas, pensé en desertar. Pero hoy, con más ahínco que nunca, no voy a claudicar en exigir lo que corresponde; no dejaré que la aseguradora se quede ni con un peso de una plata que les es ajena. No es (ni nunca ha sido) una lucha económica, sino que una lucha por la dignidad de las personas.