martes, 27 de marzo de 2018

"No se mueren los embriones abortados: se mueren las mujeres"

Iba a escribir un post largo para expresar mi opinión sobre la legalización del aborto. Mientras pensaba cómo estructurar un relato claro y potente en términos argumentativos, me encontré con este video. Y dejé de pensar. Esta mujer argentina -desconozco si es una figura pública o anónima- encontró las palabras precisas y hoy me hago eco de ellas:

Estoy agradecida por haber abortado a los 18 años, señor. ¡Qué agradecida por no tener un hijo de 22!

("Es una pena", dice quien la confronta).

Es una pena para usted, que decide sobre mi cuerpo, me juzga, dice que abortar es malo, cuando es un hombre; no tiene ni idea lo que es tener un ovario; que no tiene ni idea de lo que es parir un hijo. Usted, que no parió, ¿me dice a mí que yo hice algo malo y que sufro consecuencias gravísimas por abortar? 

De tres abortos se muere una mujer pobre, en condiciones infrahumanas. Tiene que ir a abortar porque decide no tener un hijo y se tiene que confrontar con parte de la sociedad que piensa como usted... (que) ¿no dice que los gobernadores tienen que legislar para todas igual y para todos igual, que nos defienda y nos dé un aborto seguro y legal gratuito, para que no nos caguemos muriendo? Y defiende un concepto de que la vida empieza no sé dónde, porque la que transmite la vida y la que va a dar a luz una vida soy yo misma. ¿Y después tengo la responsabilidad vitalicia de querer a ese hijo para toda la vida, pese a que usted exista o no exista como masculino dentro de esa composición familiar?

("La ciencia dice dónde empieza la vida", argumenta el hombre).

No, señor. Es anacrónico su discurso. Vetusto. Y no me venga acá a implementar la iglesia, porque saque sus rosarios sobre mis ovarios, porque gracias a eso, gracias a eso, el mundo está como está. Por gente que piensa como usted, las mujeres se están muriendo. No se mueren los embriones abortados: se mueren las mujeres. ¿Y sabe qué mujeres? Las invisibilizadas. Las que usted no ve. Las que yo le voy a ir a dar a la villa clases de alfabetización y talleres de teatro. Esas mujeres que usted no ve, de Once. Nenas de once años que quedan embarazadas, mujeres de 15 que quedan embarazadas y que no quieren tener esos hijos... 

No hay ningún Estado. Hay un Estado ausente que no gobierna para ellas. Se mueren. ¿Es lindo, eh, ser madre a los 11 años? Porque "no abortes, tienes once años, estás haciendo algo malo...". ¿Pero usted qué está pensando? ¡Tiene que ser una cuestión da salud pública. Es una deuda de la democracia. ¡Es un derecho humano! Por eso las sociedades civilizadas tienen el derecho al aborto. Es una deuda de la democracia. Videla, Echecolatz y Massera desaparecían gente, se apropiaban de bebés... en nombre de la iglesia también.

Acá va parte del video:

martes, 6 de marzo de 2018

Una mujer. (Y punto).

La noche del 4 de febrero de 2018 quedará grabada en nuestra historia. Pero no sólo por el hecho de que Una mujer fantástica hubiere ganado el Oscar como mejor película de habla no inglesa, sino porque los ojos del mundo se posaron en Chile y desvelaron, a la fuerza, una de nuestras grandes vergüenzas contemporáneas: el desamparo la injusticia y los malos tratos de los que son sometidas las personas transgénero.

Porque mientras muchos estábamos celebrando, a otros el premio les dio bríos para rezumar resentimiento e ignorancia; quienes, amparados tras una pantalla, desataron su odiosidad y su más profundo desprecio por el género humano a través de nefastos comentarios discriminatorios que, lamentablemente, suelen representar a un sector bien identificado de la sociedad: conservadores, religiosos y fanáticos varios.

En otras palabras, personas que han estado siempre en una posición de privilegio respecto de las minorías y que, por lo tanto, son incapaces de ser empáticas. Y no conformes con tener sus derechos asegurados por defecto, tienen el descaro y el egoísmo de no dejar que otros -los invisibilizados, los oprimidos- accedan a lo que les ha sido negado y que en nada les afecta a ellos. Es sólo una lucha de ego, lucha de poder.

Daniela, siempre digna

Pero lo más hermoso de todo es que Daniela Vega no se rebaja a contestar los insultos; ella, la actriz transgénero de la que todos hablan, no desgasta ni un ápice de su manifiesta inteligencia en discutir con aquéllos que la critican, la discriminan y abusan de su poder hegemónico. 

Su estrategia, en cambio, es mucho más sofisticada: digna de una mente y un corazón que trascienden la condición humana y vuelan más cerca del espíritu que de la carne. Ella, la mujer fantástica, utiliza su hasta ahora inigualable exposición mediática internacional para dar un mensaje contundente, sin necesidad de ofensas ni proselitismo barato

Y ese mensaje es claro: dignidad para la comunidad transgénero; dignidad para el ser humano sin importar su género, su raza o su credo. 

Pausada y divertida, pero firme en sus convicciones, ella se da maña para transmitir un legítimo reclamo de igualdad de derecho, por el simple hecho de ser ciudadana de Chile; por el simple hecho de ser una mujer. Con paciencia e inteligencia, se toma el tiempo para explicar que "La condición trans no es algo indumentaria; no es algo cosmético, no tiene que ver con la ropa: tiene que ver con cómo uno ve el mundo y desde dónde lo ve". Y eso se agradece, Daniela.

El Oscar: la excusa perfecta

La obtención de la estatuilla dorada no es más que la excusa para que de una vez por todas hablemos en serio de estos temas en Chile. Da lo mismo si la película nos gustó no no; da igual de si la interpretación es magistral o queda al debe. Lo que realmente importa es que el filme muestra un tema que hasta ahora permanecía en las tinieblas.

Una cosa lamentable es que esas tinieblas no sólo están alimentadas por personas ordinarias que hacen sus descargos en redes sociales, sino también por los sectores conservadores y poderosos de nuestro país; por esa clase política que insiste en hacernos creer que son una fuente de rectitud y autoridad moral. Por todos aquéllos que pretenden decirnos cómo vivir nuestras vidas, cómo sentir… y hasta qué ser.

¡Pero ya basta de dejarnos avasallar por mentes y corazones egoístas que pretenden hacer infelices a los demás con sus discursos medievales! Es tiempo de hablar sobre identidad de género; pero, más importante aún, es tiempo de legislarEs hora de que hombres y mujeres trans sean reconocidos/as como tal y sean tratados/as con la dignidad y el respeto que se merece cualquiera ser humano de bien.

Por todo eso, me alegra que el reconocimiento mundial -sí, mundial- de Una mujer fantástica haya puesto el dedo en la llaga en este lejano país al sur del continente. Está bien que las autoridades se sientan interpeladas. Está bien que Chile avance hacia una sociedad más justa y moderna, hacia una sociedad más noble y bella. Está bien que hoy por hoy Daniela sea la estrella más brillante del pequeño firmamento chileno. Se lo merece.

Se lo merece no sólo porque su ejemplo nos inspira, a hombres y mujeres, sino también porque quizás sin habérselo propuesto (o quizás con) está iluminando almas y salvando vidas. Y, de paso, también está llamándonos a la autorreflexión como personas y como sociedad con palabras tan lindas como éstas:
"Yo invitaría a la gente a ampliar los límites del pensamiento. El ser humano es tan increíblemente poderoso que es capaz de vivir en Alaska y en República Dominicana. Es capaz de crear submarinos y cruzar el Atlántico bajo el agua. ¿Cómo no vamos a ser capaces de convivir los unos con los otros?".









miércoles, 24 de enero de 2018

Por qué no voté por Piñera

No voté por Piñera ni en 2009 ni en 2017. Y si, por desventura, en el futuro volviera a ser candidato... tampoco votaría por él. Esto va más allá de su contendor/a de turno o de los partidos que lo apoyan. Esto es una cuestión de principios.

Sería tedioso enumerar las características nefastas que provocan mi profundo rechazo al personaje en cuestión. En todo caso, aclaro que no tienen que ver con sus tics nerviosos, su falta de asertividad, sus intentos fallidos por parecer gracioso ni su nulo sentido del ridículo. Sería demasiado básico recurrir a lo que algunos han llamado piñericosas.

A grandes rasgos la brecha insalvable entre él, y todos los de su clase, y yo podría resumirse tan sólo en tres puntos: lo primero, su absoluta falta de pudor al reconocer públicamente que su parámetro para juzgar los actos propios o de sus colaboradores es lo que permite la legalidad, sin siquiera molestarse en atender los argumentos que lo conminan a emitir juicios de valor.

Porque actuar conforme las normas de un país no asegura la probidad ni mucho menos la indemnidad ética o moral. En otras palabras, hacer lo que permite la legalidad es una cosa; pero aprovecharse de la posición de privilegio para beneficio propio, es otra muy distinta. Y, por cierto, muy reprochable, sobre todo en supuestos servidores públicos que tienen el poder de tomar decisiones.

Lo segundo se relaciona con su mezquina concepción de sociedad, basada en cifras macroeconómicas, con estrategias populistas que promueven el concepto de éxito según el aumento o el descenso de la capacidad de adquirir bienes de consumo. 

No reniego del consumo -no podría-, pero me decepciona hondamente que esa postura eclipse o anule lo realmente importante para ser felices: la liberación del espíritu, la búsqueda de la belleza, el respeto por el otro, el derecho a la cultura, el deber de potenciar nuestras habilidades innatas. En resumen, la valoración de lo trascendente y no sólo de un puesto de trabajo.

Un candidato o un presidente nunca tendrá mi voto si su propuesta se basa exclusivamente en un análisis sobre si hay más o menos empleo. Peor aún, generando terror en las personas débiles, crédulas o menos instruidas y asegurando, de paso, que haya un verdadero estancamiento cívico, intelectual y cultural (que, al parecer, les conviene mucho).

Lo tercero, y más terrible desde mi punto de vista, es su postura conservadora en los mal llamados temas valóricos. Como individuo librepensante nunca voy a apoyar sectores cuya bandera de lucha sea la imposición de sus valores morales y el desprecio por las diferencias. Por muy buen político que sea, por muy hábil empresario o por muchos empleos que genere.

Un país pequeño y triste como el nuestro necesita salir de la oscuridad con algo más que mejores índices económicos. Necesita avanzar en justicia social, en la integración de las otredades, en la conquista de los derechos humanos. Es una insolencia, una inconsistencia, que Chile haya vuelto a elegir a una persona que se declara abiertamente en contra de las libertades individuales y del legítimo derecho que cada uno tiene a tomar nuestras propias decisiones.

Para mí, Piñera y sus hombres y mujeres de confianza son un retroceso en la conquista de los derechos sociales e individuales. Representan una cosmovisión egoísta, pobre, vacía y sesgada, refrendada en su sempiterna posición de privilegio y poder que los empuja a darnos lecciones de moral y a tratar de impedir que actuemos según lo que pensamos.

Yo quiero un país donde los dogmas de la iglesia católica no tengan cabida a la hora de legislar para todos. Un país donde se castigue la corrupción y el delito. Un país donde la máxima autoridad no justifique accionares asquerosos o abusivos sólo porque lo permite la legalidadUn país con una economía sólida, donde haya empleos, pero donde eso sea un medio y no un fin. Un país donde se entienda el problema medioambiental, se respeten los ecosistemas y tienda al desarrollo sostenible (y no se arrase con todo en pos del progreso).

Un país que avance hacia la tolerancia. Un país tranquilo, culto, empoderado y cívicamente responsable. Un país donde importe menos lo que cada uno tiene y se valore más lo que cada uno es. Un país donde nosotros y las futuras generaciones vivamos sin miedo a expresar lo que somos y lo que sentimos. Un país donde esté permitido ser diferente. Un país donde se nos trate como personas y no como simples números. Por eso no voto por Piñera.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Reportar anuncio > me parece ofensivo

Está claro que todos los formatos digitales son la mejor plataforma para hacer publicidad. Sin embargo, creo que existen negocios que deberían estar vetados en las redes sociales. El primero de todos ellos, sin duda, es la política.

Estoy cansado de ver publicidad en Instagram, pero me la banco porque sé que hay personas y empresas que necesitan darse a conocer a través de fotos lindas que, en el fondo, sólo buscan el clic a sus sitios. Bueno, eso es válido y todos estamos conscientes de que es parte de las reglas del juego.

Y aunque al parecer que no sirve de nada, siempre denuncio la publicidad de políticos. No importa del sector que sea: no me interesa ver ahí sus mensajes; tal como no me interesa este mensaje nefasto, anacrónico, discriminador, anquilosado, antediluviano, etc. que vi en mi timeline hace unos días.

Mi voto vale vida es lo más ofensivo que he visto en Instagram. ¿Qué se cree este grupo de seres decadentes y conservadores diciéndonos (diciéndo-me) qué es la vida y qué es la familia. ¿Familia según quién? ¿Me defiende a mí, a mis peces, a mi conveniente civil? ¿Defiende a la pareja que decide convivir sin casarse? ¿Defiende a dos hombres o dos mujeres que comparten su vida? Señores de Mi voto vale vida, les informo: todas ésas también son familias.

Creo que es hora de que nos movilicemos en contra de estos mensajes nefastos, que no hacen más que hundirnos en el subdesarrollo, promueven la discriminación y nos impulsan a vivir en una sociedad basada en el cartuchismo. Denunciemos, para que esto se acabe. Y en su defecto, si continúa, para que sólo sea un mensaje que difundan y defiendan entre ellos, en una endogamia moral que algún día habrá de terminar.

jueves, 12 de octubre de 2017

Menos ideología, más lucidez

Enciendo el televisor. Veo que que un candidato presidencial de la ultraderecha llama a que “la ideología comunista no destruya los valores cristianos...” y otro, en la trinchera opuesta, que declara que pertenece a un partido que es “un instrumento de izquierda popular y patriótica”.


Viví los últimos años de la Guerra Fría en total ignorancia. Sin embargo, me hice cargo de mi responsabilidad cívica y aprendí, a grandes rasgos, de qué se trató: básicamente, el enfrentamiento irreconciliable de dos bloques; dos formas opuestas ver la vida y de entender cómo funciona el mundo.


Hoy, casi 30 años nos separan de la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética. En el intertanto, Sudáfrica eligió a Mandela; volvió la democracia en Chile; clonaron una oveja; estalló una guerra en el Golfo; un Papa dimitió en el Vaticano; una mujer y un afroamericano fueron presidentes de Chile y Estados Unidos, respectivamente. Y así.


La última década del siglo XX avanzó con ritmo vertiginoso y la gente cambió. ¡El mundo cambió! Y nosotros, ad portas de una elección presidencial, aún seguimos enfrascados en la eterna dicotomía que tanto mal le ha hecho al mundo en su historia moderna, cual si para validarse hubiese que optar por uno u otro bloque, sin matices intermedios.
Estamos acostumbrados a tener que elegir entre posiciones opuestas; entre políticos que aún viven de miedos o añoranzas pasadas y que, muchas veces, sacrifican el sentido y el bien común, con tal de seguir fieles a los preceptos de sus partidos. Lástima que es una mirada añeja, sesgada, egoísta y anacrónica. ¡Es tiempo de cambiar!

¡Nicanor al rescate!
En este escenario político triste y añejo, que se mantiene vivo a costa de delirios y añoranzas, apareció en mi vida el poeta centenario: Nicanor Parra, en una entrevista concedida a la televisión española en plena dictadura chilena, por allá por 1987.


En ella dejó bien en claro que la confrontación de estas dos ideas antagónicas estaba devastando al mundo y que, en consecuencia, no daba abasto para solucionar los verdaderos problemas de la sociedad y sus hombres. Impresiona no sólo su lucidez, sino la mirada vanguardista y profundamente humana en cada una de sus palabras.

“Los pueblos pueden ser salvados por la poesía e-comprometida. O sea, la poesía comprometida con la supervivencia, con un no al enfrentamiento: la poesía comprometida con la noción de autorregulación del espíritu y de la sociedad, porque hemos visto que el choque de las ideologías tradicionales ha llevado al planeta a la situación desastrosa en que se encuentra: al borde del colapso”, aseguró hace 30 años.


¿Qué ideologías tradicionales? Parra responde: “Me estoy refiriendo al liberalismo o, para usar una palabra más fuerte, al capitalismo, y también al socialismo real, tal como lo conocemos (que) en el fondo lo que están haciendo (...) es reducir el planeta a la forma de artefactos. Le están dando forma de automóviles, refrigeradores, teléfonos, etcétera (...). Es decir, estamos transformando el planeta en chatarra”.
Amor infinito a Nicanor, un genio como pocos. Ya hace 30 años planteaba que la única forma de salvar el caos en el que está sumida la humanidad es terminar, de una vez por todas, con la confrontación de las cosmovisiones tradicionales (marxismo versus capitalismo). Además sugiere que nada sacamos si no incorporamos al entorno natural. ¡Un visionario!
Hombre, sociedad ¡y naturaleza!


Nicanor, genio transgeneracional, fue más allá con un planteamiento vanguardista: explicó que las sociedades deben enfrentar a una problemática triple, que incluye al individuo, a la sociedad… y a la naturaleza, en lo que él llamó ecología social.


“Parece que el problema básico de la cosmovisión tradicional consistiría en que no se ha entendido bien la relación del hombre con la naturaleza, por una parte, y por otra, la relación de los hombres entre sí (...). Las cosmovisiones tradicionales, tanto el liberalismo, como el socialismo, como el marxismo, resultan insuficientes para comprender la nueva situación en la que nos encontramos”, dijo a la periodista española


Ella queda descolocada. Ella, desde la infinita distancia geográfica e intelectual, no comprende fácilmente lo que Parra explica con tanta sencillez, y lo azuza para que dé definiciones basadas en la polarización política, en la dicotomía clásica, en el bien versus el mal.


Pero el ecopoeta insiste: “La relación de amo-esclavo es la que rige la totalidad de las relaciones sociales y las relaciones del hombre con la naturaleza. Habría que partir, entonces, de otro punto, en otros términos: no de Marx, sino más bien de Kropotkin, quien aparentemente entendió mejor la relación del hombre con la naturaleza y entendió mejor la relación de los hombres entre sí”.

Y por si alguien siguiera sin entenderlo, planteó una frase simple pero decidora; una frase que extraño en los políticos de primera o de cuarta categoría; una frase que deberíamos exigir a quienes aspiren a gobernarnos en los tiempos modernos, de respeto, de inclusión: “Lo único que se pide es un grado mayor de racionalidad, un grado mayor de lucidez”. Genio.


lunes, 4 de septiembre de 2017

Somos ignorantes y egoístas

Si tuviera que definir a los chilenos con sólo dos adjetivos diría que somos ignorantes y egoístas.

En general, somos ignorantes como sinónimo de falta de conocimiento. Al chileno no le interesa leer; no le interesa escuchar música bella; no le interesa saber más de política para votar informado; no le interesa hablar o escribir bien; no le interesa dar opiniones argumentadas; no le interesa ir a los museos; no le interesa invertir en alimento espiritual (y con esto no me refiero a la iglesia, sino que a lo que llena el alma: la belleza, el arte).

Lo que le interesa es el crecimiento económico, es tener un buen trabajo, es ganar más, es comprarse la mejor tele; es tener Netflix, CDF, internet, el mejor celular, ropa de marca. Lo que le interesa es la satisfacción instantánea mediante estímulos tan básicos como tener más amigos en Facebook o más likes en las publicaciones de Instagram. O sea, lo efímero, lo que no estimula el intelecto ni el corazón.

Diariamente, veo que en el transporte público las personas van mirando su celular. Todas. Sin excepción. Cuando me acerco para observar qué hacen, básicamente descubro que: 1) están en Facebook y 2) Están jugando Candy Crush (o cualquiera de sus símiles). Espacio en el Metro hay. La tecnología está. ¿Por qué nadie usa esas características para otros fines? ¿Por qué nadie se interesa por un estímulo verdadero?

Sin ir más lejos... ¿por qué nadie lee un libro, por ejemplo? Porque un buen libro, con una buena historia, es una de las mejores maneras de aprender, de elevar el espíritu a un nivel superior de imaginación y conocimiento. Y no digan que son muy caros, que el IVA, etc. Es cierto: son caros, pero hay muchas otras cosas aun más caras y la gente accede igual a ellas. Es decir, no es un tema de precio, sino de prioridad: a los chilenos no les interesa leer. Así de claro.

Otra manera pragmática de comprobar esta hipótesis es leer lo que los chilenos comentan en redes sociales. Es sorprendente. Es abominable. En su mayoría, son opiniones infundadas, ignorantes, llenas de juicios y prejuicios, llenas de incongruencias y, lo que es peor, insultos. Es vergonzoso que haya tanta gente que, libremente, se tome el tiempo para escribir eso. Es una pena que la ignorancia y la falta de criterio inunden y ensucien este espacio democrático digital.

Por pura ignorancia: por eso es que después tenemos que aguantar que muchos crean cuanta burrada aparece en las redes sociales, legitimando opiniones de sacerdotes místicos, videntes, pitonisas de pacotilla, contadores de cuentos, reveladores de conspiraciones -les hablo a ustedes, Salfate y Dr. File-, sismólogos de circo, detectores de catástrofes, vendedores de humo, falsos profetas, políglotas, saltimbanquis, malabaristas y cualquier bufón por el estilo.

¿País solidario?

Muy por el contrario de lo que nos han hecho creer con campañas como Teletón, Chile ayuda a Chile y todas ésas... yo creo que los chilenos no somos solidarios. Claro, si hay un trasfondo mediático y casi institucional, resulta lógico que haya ganas de colaborar con dinero. Pero ¿aportar plata es ser solidario? Yo creo que es ser subsidiario, nada más.

En lo cotidiano, vemos que cada quien vela por su propio metro cuadrado. En el Metro, en la micro, vemos que mientras haya goce y satisfacción personal, no importa si el otro está cómodo o no. Si yo voy bien, si yo me tengo que bajar en la próxima parada, no me importa si hay alguien que quiere subir. No me corro. Yo voy bien acá.

El egoísmo se ve en todos lados, en todas sus formas, incluso las más sutiles: el tipo que adelanta en su auto; el tipo que se salta la fila; el tipo que escucha música sin audífonos; el tipo que mira su celular en el cine; el tipo que maneja borracho; el que discrimina a los inmigrantes; el que se opone a los derechos de las diversidades; el que no quiere donar sus órganos; el que no compra un boleto en la rifa de Bomberos; el que bota la basura al suelo; el que fuma en lugares públicos; el que tose y no se tapa la boca; el que se para en el lado izquierdo de la escalera mecánica...

Nos falta mucha solidaridad y nobleza. Y eso es transversal, porque no sólo se aprecia en la calle, sino que también en las empresas (quiénes más egoístas), en la televisión, en el Congreso, en la política en general. Vemos cómo todas estas personas, antes que el mentado y prostituido bien común anteponen sus valores, su visión, sus intereses... algunos de manera más evidente que otros.

Somos un país de gente que tiene prioridades y valores muy trastocados. Gente que valora el tener en vez de ser. Gente que se preocupa sólo por el bienestar propio, pero que no tiene conciencia de un otro compartiendo los mismos espacios. Gente mal educada, amargada, poco amable. Gente que no es capaz de transmitir buena energía; que no es capaz de saludar, de ofrecer disculpa en la calle, de pedir por favor, de dar las gracias; gente que va al mall en vez de al parque... Viéndolo así, podría agregar un tercer adjetivo: gente insensible.

lunes, 28 de agosto de 2017

Sí, es posible: yo le gané a una isapre

En junio de 2015 la isapre Masvida me negó la cobertura de un procedimiento médico llamado Litotripsia Extracorpórea, por considerar que correspondía a las consecuencias de una preexistencia no declarada. Eso me obligó a pagar una suma superior a los 2 millones y medio de pesos.

Apelé la decisión a través de una carta dirigida a la contraloría médica de la isapre, argumentando que la no-declaración de la supuesta preexistencia correspondía a una omisión involuntaria, y no a un acto premeditado ni alevoso. Como era de esperar, me dijeron que la apelación había sido rechazada y ratificaba el doble castigo impuesto.

Me sentí molesto, pues me obligaban a pagar de mi dinero; también me sentí ofendido, porque seguían dudando de mi honorabilidad, al insinuar que traté de engañarlos al quedarme callado en la declaración de salud. Así que, por eso, decidí apelar ante la Superintendencia de Salud, mediante su formulario online.

Escribí una carta muy detallada, explicando el porqué de mi inocencia. Adjunté comprobantes, cartas, una copia de la declaración de salud, etc. Fui muy honesto en mi exposición, pero bien crítico en mi diagnóstico sobre el sistema y la forma en que los vendedores de planes actúan sin escrúpulos con tal de ganar un afiliado (como fue en mi caso).

Mis principales argumentos fueron:

  1. Al momento de completar la declaración de salud no fue asesorado adecuadamente: no respondió mis preguntas, porque me dejó solo mientras contestaba, e incluso me alentó a omitir información, por considerar que 'no eran relevantes'.
  2. Un problema semántico: la declaración de salud no era clara al preguntar directamente sobre afecciones al riñón (considerando que los episodios de cólicos renales a veces son aleatorios y no siempre obedecen a una condición permanente).
  3. Un error interno, puesto que en el mismo documento yo declaré que había tenido una licencia médica en los meses precedentes, producto de cólicos nefríticos.

Mi caso estuvo en litigio durante más de 2 años. En todo ese periodo me fueron llegando notificaciones, citaciones a comparendos, copias de las apelaciones de la isapre (que se defendió con fuerza, escudriñando en mi historial médico hasta lo más profundo), etc.

Hasta que hace unas semanas me llegó una notificación de la Superintendencia. En palabras sencillas, esa resolución del juicio arbitral de Rodrigo Zavala contra Isapre Masvida declaraba que yo había ganado y que la isapre debería responder favorablemente a mi demanda. ¡Después de dos años de litigio y de espera, por fin, David le ganaba a Golliat!

Conclusiones

Escribo este post motivado no sólo por la felicidad que me produce el haber ganado, sino que también por la esperanza de que, pese a la férrea lucha de la isapre, los clientes tenemos garantizados nuestros derechos. Por la esperanza de que el reclamo bien hecho, bien justificado, sí sirve para algo: sólo hay que atreverse y hacerlo, y no bajar los brazos ante las presiones y arbitrariedades de un sistema tan abusivo como el de la salud privada.

Escribo, también, para que otras personas se sientan motivadas por mi ejemplo. Para decirles "¡Sí, se puede! Háganlo". Pongan atención a este precedente: analicen mis argumentos, utilícenlos a su favor, y aplíquenlos a la justa causa que cada uno tiene por delante. Porque, independientemente del contexto, la sentencia de la Superintendencia es decidora:

  • El análisis de las declaraciones efectuadas ante este Tribunal, por el agente de ventas individualizado, permiten concluir, fundadamente, que el proceso de afiliación no se realizó por persona capacitada en los términos que exige la normativa que rige el sector.
  • Se desprende que el agente de ventas no actuó de manera diligente, al instar al demandante a consignar en la Declaración de Salud una fecha distinta a la real, visualizándose la poca capacitación del funcionario de la Isapre al momento de asesorar al futuro afiliado, lo que hace presumir a este Tribunal Arbitral que el reclamante no fue correctamente asesorado por personal capacitado durante su proceso de afiliación a la Isapre demandada.
  • En consecuencia, la actuación de la Isapre demandada afecta los derechos de la demandante y, muy particularmente, respecto de aquél que le permite contar con la información necesaria para su incorporación a la misma Isapre. 

Creo que el agente de ventas fue el chivo expiatorio del caso, teniendo que pagar con su mala práctica las malas prácticas de una institución mucho más poderosa que él. Qué mal por él si fue desvinculado... pero me alegro de que, de alguna forma, se reconozca que los vendedores son inescrupulosos, que asesoran mal y que sólo se interesan por concretar una venta en los plazos y condiciones que sólo a ellos les interesan.

Por fin me acaba de llegar la carta de la isapre notificándome, muy escuetamente, que "le será otorgada cobertura a prestaciones recibidas en clínica X el 10/04/2015". En ella me piden "presentar documentos originales para efectos de realizar la valorización correspondiente...". Documentos originales, claro. ¡No me la iba a hacer fácil!

Pero no importa, Masvida: voy a hacer las gestiones para conseguir esos documentos. No me voy a rendir ahora que siento que, por fin, podré cerrar este capítulo con la isapre.